
Una de las modalidades más mortíferas que encontró la Madre Natura para defenderse de la sociedad de clases en su fase capitalista durante la crisis larga que inició el 11 de septiembre de 2001, fue la de los tsunamis de agua dulce producidos por los ríos salidos de sus cauces a consecuencia de los cerros deforestados.
El primero que se registró (5 de noviembre de 2007) en territorio de América ocurrió en el Río Grijalva, muy cerca de la presa Malpaso, y produjo una sola gran ola de 50 metros de altura que arrasó el Ejido de Juan Grijalva, municipio de Ostuacán, Chiapas, llevándose entre sus aguas a todo el poblado y a 16 de sus habitantes.
(Para inventar un Dios, si no hubiese.)
Sólo Roberto Castañeda Rodríguez Cabo prevenía ya desde el lejano año del 89 --cuando todos los "políticos" permanecíamos atados al viejo bolchevismo--, estos saltos cualitativos en la conducta de la naturaleza. Registraba con paciencia cada fenómeno. Medía. Noches enteras pasaba en busca de la ecuación con la cual localizar el punto de inflexión previsible. Pero a Roberto le llamaban El Loco, todos esos que luego se doctoraron con tesis sobre el estado benefactor. Hoy Roberto a nadie presume sus cálculos ciertos. Continúa midiendo, Va ahora, frente a las novedades, por una matemática dialéctica.
6 de noviembre de 2007
.


bravenet.com