
El gran secreto de esta especie de dominación fascista que se sufre bajo el capital (con PRI o con PAN o con PRD) consiste en que la clase dominante logró meter en el cuerpo de los ciudadanos la "indiferencia" por la política, la hueva de sólo pensar en ella, el miedo y el temor.
En el régimen priísta se acusaba a una huelga obrera y se "legitimaba" su represión por "estar politizada", como si la politización o la política implicaran un delito en sí y para sí (aunque parece que sí lo es cuando puede ser un instrumento en manos de los subalternos. Y es que la política implica pensar en qué hacer con el poder.)
El sentido común --reprimido como está de tiempo completo-- desconfía de entrada de todo aquel que muestre interés por la política. Ese no puede tener una intención sana; ese algo busca. Es el sentido común del fascismo, esto es, en medio del miedo general de la "vida cotidiana", lo mejor es dejarle la política a otros, allá ellos que hagan y deshagan... Y en este ambiente, lo más fácil para los jóvenes rebeldes (los otros no tienen problemas para adaptarse a lo que venga, incluso si esto implica miles de años de ser cola de ratón), lo que está a la mano es el nihilismo o el sensualismo o el puro desmadre. Pero esta actitud no logra nunca romper el círculo eterno del ser subalterno. El chavo "open", "alivianado", "tolerante", paga caro y de muchas formas su renuncia al ejercicio de la libertad política que, se supone, implica la democracia.
A propósito de esta misma cuestión, Ilán Semo escribió hoy sábado un artículo en La Jornada. Reflexiona sobre el prejuicio de los académicos de hoy contra el tipo de intelectual decimonónico que luchaba por sus ideas dentro de la militancia política como una cuestión de ética. Al parecer, el intelectual académico de hoy debe guardar una distancia de principio hacia cualquier compromiso de este tipo. Lo curioso, señala Ilán, es que una buena parte de estos académicos prestan sus servicios como asesores del gobierno o de otras causas políticas. Es probable que esta confusión de los términos sea producto del ofuscamiento en el que suele vivir aquel que, incluso en su intimidad, manifiesta inquietudes políticas más allá del mundo oficial.


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