"El derecho a la revolución es el único derecho realmente histórico, el único derecho en que descansan todos los Estados modernos sin excepción".
Federico Engels

Sostiene Jorge G Castañeda en su artículo del 3 de octubre en Reforma (3 preguntas sobre el EPR) que de existir la guerrilla revolucionaria en México con la fuerza operativa para realizar los estallidos en Pemex y secuestrar a dos empresarios en los dos últimos meses, entonces hay que acabarla de un sólo golpe. ¿Para qué negociar con la guerrilla revolucionaria --pregunta a los incautos legisladores-- si no se le ha tratado de vencer aún en el campo de batalla? Se negocia cuando los grupos revolucionarios han ganado fuerza en la población o cuando pueden imponerlo, pero no es el caso del EPR en México, sostiene el ex canciller. Para él es más probable que el narco haya comprado la franquicia del EPR o que lo esté manipulando y el grupo guerrillero acepte que se le achaquen las explosiones porque le conviene. En México no existe una presencia guerrillera, salvo esporádica, opina. Madera, Nepantla, Lucio, Genaro, hechos aislados. No como en Colombia. Por eso nos tomó un tanto desprevenidos. No nos la sabemos (¡!)
Debe ser, al final, que Castañeda Gutman se inclina por suponer, contra lo que piensa que piensa, la existencia real del EPR en Pemex para terminar así su nota:
"No hay buenas soluciones ante un fenómeno de esta naturaleza, suponiendo su existencia. Pero tratemos por una vez de no inventar el hilo negro o el agua tibia. Supongo que mi amigo Joaquín Villalobos que de esto sí sabe mucho, sigue asesorando a Eduardo Medina Mora...."
Se plantea Castañeda Gutman la absoluta imposibilidad de negociar con un fantasma que, por añadidura, se propone la revolución. Lejos ya de su juventud comunista, de todos modos en el ex alumno de Althusser brotan reminiscencias del Manifiesto del Partido Comunista, sólo que ahora para decir: "exterminemos de tajo a ese fantasma que recorre el mundo".
Brotan preguntas tras la lectura del texto de Castañeda. ¿Será por la supuesta "inexperiencia" de la Seguridad Nacional en México que se ha recurrido a la asesoría militar colombiana, donde la DEA encabezó desde los ochentas una matanza de militantes e intelectuales comunistas en su lucha por erradicar a las FARC? ¿Empezarán a funcionar ya abiertamente en las ciudades mexicanas los francotiradores anticomunistas y los sicarios a sueldo?
Luego: la referencia al amigo Joaquín Villalobos es nítida. Villalobos fue el comandante guerrillero salvadoreño que asesinó al poeta Roque Dalton porque éste discrepaba de lo que ya olía, como buen poeta, hasta donde llegaría... El mensaje de Castañeda podría ser: "vienen las purgas entre esos puercos estalinistas". Eso decían hace unos lustros y terminaron amigos de los asesinos.
Pero Jorge G. Castañeda tiene un grave defecto en su análisis de asesor en materia de seguridad, y parece, en sus ansias de amante del orden, perder el ritmo: las guerrillas rurales en el México "postmoderno" tienen una continuidad desde Rubén Jaramillo (a quien olvida), pasando por Genaro Váquez y Lucio Cabañas. El PROCUP representa una transición que apenas sobrevivió por más de una década en las zonas marginales de las ciudades, y la aparición del EPR en Aguas Blancas en 1996 constituyó su renacimiento en las montañas del sur del país: otro producto del neoliberalismo.
Hay que decir que en Chiapas, el EPR aprovechó titubeos y letargos del EZLN para avanzar posiciones y que el fraude electoral de hace un año cambió sensiblemente el estado de ánimo de importantes sectores de la pequeña burguesía de los gremios sindicales. Lo mismo atizó hacia la radicalización la violenta represiòn en Oaxaca y en Lázaro Cárdenas.
Sería conveniente recordar que por mucho que el EPR llame en sus panfletos a luchar por la dictadura del proletariado, está lejos de sostener posiciones comunistas o marxistas. Más bien, el populismo radical armado, esa especie de socialismo campesino del que forma parte el EPR, siempre fue usado por el Estado en México para mantener callados a los marxistas de las ciudades con el cuento aquel sobre la ecuación marxista=guerrillero. Una fórmula del fascismo que usaban los tiras de los clásicos Poli-Uni recién había caído el Che en Bolivia. En la democracia del gringo, no hay cabida para el comunismo, a menos que sea el de los hijos de los cancilleres, como cuando el mismo Castañeda ingresó al Partido Comunista Mexicano en tiempos de José López Portillo.
Pero Castañeda hijo rompió relaciones con Cuba, en su afán de cumplir lo más pronto con el gobierno de Estados Unidos; no cuenta a su lado con ningún Jesús Reyes Heroles (aunque así se llame uno de sus amigos) ni tampoco puede reeditar la historia de Porfirio Muñoz Ledo aumentando los salarios desde la Secretaría de Trabajo con Echeverría. No existen los herederos de Porfirio ni la izquierda que esté en Francia para venir a apagar aquí el fuego. Castañeda recomienda la pura guerra y acabar de tajo con el EPR. Pareciera ser esta la lógica del fascista: "en México nunca ha sido problema la guerrilla, gracias a que se ha sabido actuar de golpe: Nepantla, Aguas Blancas, la plaza de Tlatelolco".


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