
La huelga de ferroviarios también llegó a Alemania.
El espacio de Francia-Alemania-Bélgica-Holanda tiende a ser un solo tejido en la resistencia obrero-estudiantil y de inmigrantes frentes a los cambios en la división del trabajo y la productividad capitalista que se tratan de imponer en el proceso de unificación europea.
Desde la insurrección de los suburbios en París, octubre-noviembre de 2005, no ha habido una sola gran movilización social en Francia cuyo eco no rebote en sus vecinos del norte.
Con la huelga, el sindicalismo de Francia y Alemania coloca en el centro de la disputa el asunto de cómo repartir la plusvalía social que se incrementó sensiblemente en los últimos lustros con las modificaciones en la división internacional del trabajo y los saltos en la productividad.
Con el discurso de los teóricos de la desindustrialización que tenemos por acá --pequeñoburgueses para los que, desde sus deseos frustrados de seguir creciendo igual que en tiempos idos, la globalización es la ruina de la (su) industria y la caída de la productividad ante la corrupción generalizada--, los sindicatos no tendrían argumentos ni justificaciones para reivindicar la conservación de sus derechos.
Pero la revolución por el capital --con todo lo destructiva que es-- no ha dejado de hacer crecer la productividad como mecanismo para obtener plusvalía de manera ampliada. Hay pues de donde tomar.
El movimiento sindical, en Francia y Alemania, no plantea aún otra cosa sino conservar los derechos ya adquiridos. No se propone todavía avanzar sobre un tajo de la plusvalía concentrada en manos de unos pocos dueños de los medios de producción, con medidas, por ejemplo, encaminadas a reducir la jornada de trabajo en algunas ramas de la industria.
Los dueños del capital en Europa, por el contrario, exigen una parte mayor de la plusvalía para estar en condiciones de competir con éxito frente a las potencias emergentes de Asia y, en menor medida, América Latina. Las reformas de Sarkozy buscan "racionalizar" en ese sentido.
Un gran número de usuarios ven con simpatía que los conductores y los trabajadores de otros servicios públicos sean mejor remunerados. Los precios del transporte y esos otros servicios son muy altos y muchos piensan que hay de dónde sacar para incrementar la parte de los salarios sociales, incluyendo todo tipo de prestaciones.
Se discute también en Francia el modo de negociación entre sindicatos y contraparte. ¿Se opta por acuerdos nacionales a través de las centrales o se da preferencia a las negociaciones tripartitas por empresa?
Pero la idea de la negociación tripartita trasluce cierta hegemonía socialdemócrata (¿o será mejor hablar de desarrollismo dentro del movimiento sindical?), en la que los representantes del Estado --la tercera parte-- aparecen como árbitros y mediadores sin intereses particulares. Mito que se terminó de derrumbar totalmente durante los años recientes de neoliberalismo y la bancarrota de los estados desarrollistas.
15 de noviembre de 2007.


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