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El subcomandante Marcos ha expresado en Vicam, al clausurar el Encuentro Continental de Pueblos Indios, que la "democracia electoral es aquello con que los mandones (gobernantes) hacen el negocio de llevar el mundo a la catástrofe, porque allá arriba no hay esperanza para los pueblos indios".

 

En general, son justas las críticas que hace el zapatismo a la democracia electoral de los partidos con registro en México, y sin embargo pensamos que es necesario superar ya ese nivel que sólo condena a la izquierda real a la marginalidad política, para pasar a formas superiores de organización y de lucha. Expliquémonos.

 

Proponemos iniciar una discusión en toda la izquierda anticapitalista y revolucionaria sobre la pertinencia o no de participar en los procesos electorales con un programa propio e independiente, con candidatos de entre el pueblo y a partir de coaliciones y frentes de las propias organizaciones de la izquierda y de las organizaciones sociales.

 

La calificación que hace el subcomandante Marcos de los procesos electorales no tiene porqué llevar a una posición de principios contra la participación en ellos. También los sindicatos obreros en manos del charrismo han servido para la opresión de los asalariados y ello no implica que los obreros dejen de luchar dentro de ellos. También las autonomías y cooperativas dentro del mercado han sido utilizadas para el enriquecimiento de unos pocos y eso no lleva a la renuncia a ampliar cierta socialización por esa vía.

 

Nosotros pensamos que no es posible transformar las relaciones de producción y de propiedad por la vía de las elecciones: la fundación del nuevo Estado implica la violenta supresión del anciano régimen. Simplemente sostenemos que la izquierda anticapitalista y revolucionaria no puede renunciar en este momento a ninguno de los espacios políticos para legitimarse en la práctica con su presencia en ellos,

 

El estudio de la experiencia de tres elecciones presidenciales desde la irrupción del EZLN en 1994 nos obliga a cuestionar profundamente una línea política que opta sistemáticamente por la abstención para terminar siempre en frentes contra el fraude en los que no se hace sino sellar alianzas de facto con las fuerzas políticas "menos malas", Así, al renunciar a un programa y a una fuerza propias, se repite al infinito la impotencia del zapatismo histórico ante las fuerzas políticas legales, o lo que es lo mismo, "los abogados".

 

Si bien una experiencia parecida se repitió cuando Ernesto Zedillo ganó elecciones mediante un "fraude de Estado" (según los cardenistas entonces), el caso de las pasadas elecciones es nítido y cristalino para mostrar lo que queremos. Y si no ocurrió lo mismo en el 2000 con el triunfo de Fox, ello se debió a que Cuauhtémoc Cárdenas aceptó su derrota el mismo día de los comicios.

 

Hace un año, tras la represión sangrienta en Atenco, el EZLN y el subcomandante Marcos, presas de la solidaridad organizada por Ofelia Medina y la "sociedad civil" del Distrito Federal, se limitaron a denunciar a los gobiernos derechistas del PRI y del PAN, llamando a no votar por ninguna de esas fuerzas, dejando abierta la opción amarilla que tan duramente habían criticado a lo largo de toda la Otra Campaña. Luego vendría el desafortunado y televisado vaticinio de Marcos sobre el futuro triunfo de AMLO, lo cual, dígase lo que se diga, sólo contribuyó a inflar las ilusiones en el "sonríe, vamos a ganar". Tras el fraude del dos de julio, Marcos se olvidó del Programa de la Sexta y de sus diferencias con el PRD y se aplicó a la lucha contra el fraude y por la liberación de presos políticos.

 

Sucede que aunque juren su rechazo a las elecciones, las fuerzas de la izquierda revolucionaria no pueden abstraerse de lo que éstas significan cada tres y seis años. Pero al negarse a participar con sus propias propuestas y candidatos, se condenan así mismas a terminar votando en la práctica por una de las opciones del enemigo,

 

Desde nuestro punto de vista, lo único que pudiera llevar a una verdadera izquierda, hoy en día, a negar su participación en elecciones sería la valoración sobre el peligro de que sus candidatos mueran asesinados en las campañas, como fue el caso de los militantes de la Unión Patriótica en Colombia de la segunda mitad de los ochenta, o que queden sin trabajo, si es que lo tienen. Ningún principio antielectoral ni generalidades de ese tipo.

 

Lo siguiente consistiría en ver cómo y en qué condiciones se participa en elecciones. Y hay que decir que no se partiría de cero, pues la Otra Campaña fue en mucho un primer experimento al respecto.

 

                                                  16 de octubre de 2007.

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