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breve historia de la Independencia. 

 

 

De la dictadura revolucionaria en Paraguay de José Gaspar Rodríguez de Francia 1811-1840:

 

Si en la determinación del peso histórico de las tendencias radicales en la revolución de Independencia, especialmente de 1810 a 1824, además de diferenciar el jacobinismo sin el pueblo del jacobinismo con el pueblo, si además de esta diferenciación introducimos la del jacobinismo para el pueblo, entonces abordaremos directamente un fenómeno complejo: la dictadura revolucionaria en Paraguay de José Gaspar Rodríguez de Francia que se sale totalmente del cuadro y no sólo por los años en que sucede: 1811-1840.

 

Prueba de la fascinación que Francia ejercía sobre su tiempo era el lugar que ocupaba en la galería de héroes de Thomas Carlyle. La sobrecarga emocional y subjetiva es evidente en la discusión acerca de la persona y la obra de Francia. Todavía vivo, se le consideraba de la talla de Robespierre y esto de parte de historiadores que no le eran favorables; a esta interpretación le siguieron biografías entusiastas de signo contrario: "Dos discípulos de Jean-Jacques: Maximiliano y José Gaspar" y aún sigue la polémica alrededor de Francia y su enigma. Hay que darle un reconocimiento internacional al mérito de Alperovich, a su intento de aclarar y sentar las bases para un entendimiento y una evaluación correcta del jacobinismo específico de Francia.

 

En el ejemplo de Paraguay se encuentra la contradicción que entraña la cuestión del precio del progreso: ¿qué formas adoptan durante su realización las ideas y los guías espirituales de la revolución burguesa radical en un contexto históricamente menos desarrollado? El conflicto que se desprende de ello nos recuerda la cita de Engels: "Lo peor que le puede suceder a un líder de un partido extremista, es que se vea obligado a gobernar en una época en la que el movimiento todavía no ha madurado para el dominio de la clase que representa y a poner en práctica los principios que exige el dominio de esta clase"... "cuando cae en esta posición está irremediablemente perdido..."

 

Las intenciones de Francia se pueden escribir con muchos conceptos: soberanía, antifeudalismo, anticlericalismo, igualitarismo.

 

Desde 1811 los destinos de Paraguay dependían de las condiciones exteriores. La Junta Revolucionaria de Buenos Aires y la corte portuguesa de Río de Janeiro se esforzaban por realizar la ocupación del país. En las condiciones de esta amenaza permanente, el Paraguay se aisla por completo, sin que tal aislamiento se convierta en un principio, puesto que Francia abría el país cada vez que las condiciones externas lo permitían. La estimación de Francia, expresada en su denominación de "dictador supremo", era una mezcla de sus simpatías para con Rousseau, la gran revolución y Napoleón Bonaparte, a quien admiraba asimismo como heredero legítimo de los objetivos revolucionarios.

 

La dictadura de Francia, que se confirmó oficialmente en 1813, era tan autoritaria como la dominación de Toussaint o Dessalines en Haití; el poder de la revolución se ejercía de arriba hacia abajo y no al revés. Sin embargo, había dos diferencias históricamente determinadas: la espina dorsal del régimen no era sólo el ejército, sino el bien organizado aparato estatal, y el orden que Francia representaba tenía por fundamento en sentido socioeconómico la destrucción más amplia de las estructuras heredadas de la colonia. Revolución política y revolución social formaban una sola unidad permanente. Con ello Paraguay se constituyó en la excepción histórica de la revolución de Independencia en Latinoamérica, bajo condiciones que por otra parte conducían a la arcaización y a la deformación.

 

Había en Paraguay condiciones objetivas favorables para un rompimiento radical del monopolio de la tierra, ya que la gran propiedad latifundista en la época colonial jugó un papel muy limitado; esto fue todavía más fácil, cuando los españoles y muchos criollos ricos, después de 1811-13, abandonaron el país. Francia disponía de una enorme cantidad de tierra que arrendaba bien y que provenía de los bienes abandonados, expropiados o que fueron propiedad de la iglesia ya secularizada. La mano dura del poder centralizado se mostraba claramente en el sector agrario de la constitución de bienes del Estado ("estancias de la República" o "estancias de la Patria") que, sin embargo. correspondían a las necesidades estratégicas de la defensa militar. Señales de jacobinismo de guerra hubo también en la producción artesanal.

 

En la política religiosa de Francia se entrelazaban de manera compleja la Ilustracíón atea y una razón de Estado revolucionaria-pragmática. El mismo Francia, sin ataduras religiosas, pero convencido como Voltaire de la necesidad de la religión para la estabilización del orden social, aplicó tres intenciones respecto a la iglesia: expropiación económica como condición para un sometimiento riguroso de toda operación clerical, pago oficial a los curas y ligazón del culto a los intereses estatales. El éxito de esta política trajo enseguida un debilitamiento considerable de las posibilidades de resistencia de las capas criollas superiores.

 

Como consecuencia del aislacionismo completo, Paraguay era casi totalmente autárquico. Paraguay experimentaba un auge continuo de la agricultura, la artesanía y el comercio interior, mientras que en toda Latinoamérica, durante el periodo posterior a la emancipación, se registraba un desarrollo crítico en el sistema de libre comercio. ¿Estaba aquí la alternativa de impedir el "desarrollo del subdesarrollo" y su consolidación? Esta pregunta es difícil de contestar en el estado actual de la investigación.

 

Asimismo, sigue vigente el problema de si se trataba de una reacción lenta a las presiones externas o de una subversión revolucionaria en la economía, en la sociedad y en el Estado. En segundo lugar, y aquí parece radicar el problema principal, no había, a pesar de los progresos en la manufactura y la artesanía, condiciones objetivas para dar el salto hacia el comienzo de la industrialización. Al contrario, el campo dominaba la ciudad, la artesanía se mantenía unida en lo esencial a la agricultura, y la base política social de la dictadura de Francia se reducía a la población, en su mayor parte agrícola.

 

En su análisis acerca de la revolución española de 1820 a 1823, Marx señala ya la debilidad histórica de una "revolución de la ciudad", cuyo destino parece a priori sellado por el contexto pasivo y hasta contrarrevolucionario de las masas campesinas movilizadas. Lo opuesto es válido para Paraguay (como en Haití, México y la Banda Oriental), cuando la base de la revolución es empujada unilateralmente hacia el campo. Los progresos cuantitativos considerables de Paraguay contrastan con las tendencias a lo arcaico. Un criterio para probar esto lo constituye la política educativa de Francia: de una parte, educación escolar general, que no existía en esa época en ningún país latinoamericano; de otra parte, su reducción al nivel de secundaria con la expresa prohibición de cualquier instrucción superior. En contraste con otros líderes de la revolución latinoamericana, para Francia la tesis de que el pueblo debe ser educado y madurado para observar las virtudes de la revolución, no era demagogia, sino la convicción sincera de un ardiente rousseauniano que se había propuesto hacer un ciudadano del salvaje bueno.

 

Entonces, ¿Francia fue un jacobino para y no con el pueblo? Esta pregunta también es fácil contestarla.

 

A pesar de las elecciones ocasionales en Paraguay, durante el régimen de Francia no hubo una participación activa, democrática, de las masas en la vida política del país. Francia disfrutaba del apoyo y del respeto de las clases populares, pequeño burguesas y campesinas, en la medida en que sus métodos de igualitarismo socioeconómico eran capaces de garantizar cierto bienestar. Para la mayoría, el dominio del hechicero significó eliminación de impuestos, libertad personal, condiciones sociales más seguras, modesta educación. La oposición criolla que se limitaba a la ciudad de Asunción (terratenientes, comerciantes, abogados, oficiales, curas) veía restringidas sus ambiciones económicas y políticas, las ejecuciones tenían lugar siempre en estos círculos, o sea que el terror que a veces se aplicaba, se dirigía principalmente contra la derecha. Acabar con la oposición no era tarea de un movimiento de masas que siguiendo el ejemplo de la Revolución Francesa se descargaba en jornadas, sino de un aparato estatal bien construido para la vigilancia. Pero es una desviación histórica el considerar el poder de Francia y su influencia deformante como consecuencia de las reducciones jesuítas.

 

La dictadura personal de Francia encarnaba en un régimen autoritario de carácter revolucionario cuya estructura socioeconómica y política se sometía totalmente al objetivo principal, que era la defensa consecuente de la Independencia nacional y cuya base social la constituían las capas campesinas y pequeñoburguesas.

 

Alperovich enfatiza que los componentes sociales de la revolución, en el curso de los acontecimientos, se profundizan, por lo cual los años veinte ofrecen bastantes puntos de referencia. Sin embargo, la radicalización de los elementos antifeudal-igualitarios y anticlericales no permite concluir con que se registra una consolidación paralela de la relación dirección y masas.

 

Los termidorianos de 1840 se enfrentaban a un juego fácil: bastaba con quitar el poder al sucesor provisional de Francia, Manuel Antonio Ortiz, para ganarse junto con la cumbre del Estado, todo el poder de la república. Las masas populares reaccionaron horrorizadas ante la muerte del "supremo dictador", pero sin acometer acciones decisivas para defender las victorias sociales de la revolución.

 

Además, el dominio de Francia estuvo tan ligado a la realidad, que la restauración del latifundio no afectó a la Independencia ni a la integridad territorial del Paraguay. Sólo con la derrota, después de la heroica defensa en la guerra contra la triple alianza de Argentina, Brasil y Uruguay (1865-70), llegó el país a la anarquía, y por fin al abandono de las conquistas esenciales de la revolución en favor de las masas.

 

Las condiciones objetivas y subjetivas de la revolución anticolonial, impidieron a los jacobinos latinoamericanos quebrantar irrevocablemente el viejo orden a la "manera plebeya". A pesar de ello, fueron la sal de la revolución. Para forzar el advenimiento de un futuro cercano a los ideales de la gran revolución, a veces tocaron el reino de la utopía antes de sucumbir definitivamente, casi siempre al precio de su martirio y a la estrechez de su propia realidad histórica. ¿No se asemejan acaso con ello a los jacobinos alemanes, polacos, húngaros o italianos? "La libertad de los pueblos no consiste en palabras ni debe existir solamente sobre el papel" (Mariano Moreno)

 

 

(Tomado de M. Kossok, La sal de la revolución, Historia y Sociedad # 3, segunda época, 1977)

 

 

 


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